Tras personarse en la empresa superó numerosas pruebas y encuestas y acabaron por ofrecerle un suculento contrato (la casa que ofertaba el puesto no quiere verse relacionada con tan trágico acontecimiento y prefiere permanecer en el anonimato en la medida de lo posible).
Ramón firmó sin pensárselo pero cuando, pletórico, quiso abandonar el despacho de su nuevo jefe: murió. Los médicos forenses han llegado a la conclusión de que el trabajador ha fallecido tras ahogarse en la abundancia. Después de tanto tiempo de crisis había olvidado nadar.
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