Camina, oía, camina que llegarás,
pero al final sólo le esperaba
soledad,
sigue caminando, sigue que hay una meta
esperándote,
y allí sólo había un desierto
ardiendo.
Nunca había visto tanta arena, su
corazón se llenaba de rencor con cada rayo de sol,
recordaba labios y mentiras, sueños
indecentes y anhelos baratos.
Quería volar, resucitar su amor, pero
había sido devorado por la injusticia,
su desesperación...
En su desesperación odiaba al mundo,
al yonki de la esquina,
a la puta que le hacía ojitos desde la
barra,
al musculitos que fornicaba con su ex,
a la loba con piel de angelito.
Escudos, barreras, toda protección era
poca,
iba menguando con cada fiesta, con cada
polvo,
de ninguna a cualquiera,
de la selección al camión,
de la construcción, a la destrucción.
Nunca había visto tanta arena, su
corazón se llenaba de amargura con cada espejismo,
recordaba lágrimas y verdades, su vida
perdida buscando tesoros imposibles.
Quería sonreír, besar, pero había
sido devorado desde bien pronto,
su desesperación...
En su desesperación odiaba al mundo,
al amigo del colegio,
a la que le prometió sacarle,
al cabrón que ahora se llevaba su
tiempo,
a la que le reblandeció y humanizó.
Tóxico, corrompido, consumido,
bocanadas de aire contaminado,
latigazos desde su propia cabeza
resacosa,
pero no hay nadie, no, no,
no cree en la inocencia, sólo en el
odio y en el desierto.
Nunca había visto dunas tan altas,
subirlas agota a su corazón,
recuerda su casa, su familia, sus
ambiciones...
Quería una explicación para su dolor,
pero sólo le dijeron que andara, que no dejara de andar, y anduvo
hasta su desesperación...
En su desesperación odiaba al mundo,
a los vecinos,
a la jaula del sistema,
al hijo de puta que no estuviera en su
situación,
a sí mismo.
Y ahí está, en la playa:
desnudo, despojado de su identidad,
cobarde... con la marca del condón en la cartera y de la coca en su
nariz.
Una voz le dice:
Camina, camina que llegarás...
Él se levanta, mira al frente y
camina...
Un día más andará y se imaginará
que ella ha vuelto, cuando se le pase el efecto volverá a odiar al
mundo:
En su desesperación odiará al mundo,
al yonki de la esquina,
a la puta que le hacía ojitos desde la
barra,
al musculitos que fornicaba con su ex,
a la loba con piel de angelito.
Nunca había visto...
nunca había visto...
porque siempre se había engañado...
y ahora es el engaño o la nada...
no sabe vivir su propia vida, por eso
odia al mundo,
al yonki de la esquina,
a la puta que le hacía ojitos desde la
barra,
al musculitos que fornicaba con su ex,
a la loba con piel de angelito...
que no le hacen la vida más fácil ni
le dejan engancharse a ellos.
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