La popular discográfica Island Records ha interpuesto una demanda al famoso cantante pop, Justin Bieber. La filial de Universal iba detrás de su caso desde que empezó allá por 2009, la investigación parecía estancada pero finalmente y por casualidad, en uno de los viajes de su última gira, un productor de la compañía británica entró en la habitación de Justin mientras se duchaba.
El sonido que provenía del cuarto de baño encajaba con aquel primer disco que les llegó a los despachos y por el cual se dejaron llevar emocionados. Para cuando se quisieron dar cuenta Bieber había firmado un contrato multimillonario y miles de alocadas fans sin criterio musical alguno le aclamaban por el mundo entero. Ya no tenían forma de romper el acuerdo cuando le escucharon cantar de verdad, fuera de su bañera.
Amparados en esta prueba llevarán al demandado a juicio para tratar de anular el contrato y librarse de ese sonido en sus estudios. Son conscientes de que perderán una imagen potente en determinada sección del mercado, pero su salud auditiva no tiene precio.
Por su parte, Justin Bieber les ha amenazado con enviarles a su legión histérica de seguidores.
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