El padre le amenazó con tenerlas para desayunar y/o comer al día siguiente, sin postre y sin nada más. El hijo, chulesco, aceptó el reto; tal vez pensando que sería una amenaza típica de progenitor. Pero no fue así, a la mañana siguiente se encontró con las espinacas en su tazón de la leche, y más tarde en el plato al mediodía. Fue entonces cuando se convirtió en la competición que ha acabado por llevar a Guillermo y a su primogénito al Record Guiness. Uno por ser el hombre que más veces ha aguantado el plato a su hijo y el otro por ser el niño que menos ha cedido a las presiones paternas. Pero las consecuencias han sido nefastas, uno en la cárcel y el otro en el hospital.
"Si es que... no sé quien es peor: si mi marido o Fran. ¿Usted se cree? ¡Tengo dos niños en casa! ¡Qué disgusto!" fue Carmen, la madre, la que llevó al infante al médico. "No podía más, Guillermo no me dejaba, pero ya estaba bien: el niño estaba blanco y me daba igual contradecirle. Creo que ya ha aprendido la lección, no creo que quiera volver a salirse con la suya"
La agencia de protección al menor no tardó en denunciar a Guillermo por su falta de atención alimentaria, un grave delito.
Las últimas palabras del detenido fueron "¡una guerra tendría que haber pasado!". Se sabe que van a pagar la fianza... ¿continuarán la apuesta padre e hijo cuando este último se recupere? De ser así, las espinacas han sido por el momento las únicas derrotadas: tendrían que hacerse unas nuevas.
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